Después de ejercer como guionista en distintos proyectos, destacando algunos capítulos de El Cor de la Ciutat o 39+1, y co-guionista en el film Fénix 11-23, dirigido por Joel Joan. Hèctor Hernández Vicens debuta como director con El cadáver de Anna Fritz, además, coescribe el guión junto a Isacc P.Creus, también co-productor del film.
Un guión que sin ser ampliamente novedoso para cualquier aficionado al género, aborda uno de los argumentos más escabrosos de nuestra sociedad, la necrofilia, pero con un enfoque distinto al habitual.
No es la intención del equipo, ni de su director, pero posiblemente, acabe levantando alguna ampolla en forma de polémica entre el público más convencional y menos informado sobre la verdadera intención de la propuesta. Aunque, de ser así, espero que no llegue a la tontuna de colectivos pro-defensa moral e hipócritas carentes de información -que empieza por ver la película- como en el caso de A Serbian Film.

Anna Fritz, una famosa y joven actriz de cine, es encontrada muerta en la suite de un hotel. Pau, un chico tímido e introvertido que trabaja como celador en el hospital donde han llevado el cadáver, envía a sus amigos Iván y Javi, una foto del cuerpo desnudo. Estos van al hospital para ver de cerca el cuerpo de la popular actriz. Al entrar en la morgue, maravillados por su desnudez, se dan cuenta de que podrían poseerla y nadie lo sabría jamás. Víctimas de sus instintos más primitivos, no saben que van a bajar a un infierno del que les va a ser muy difícil salir.

El punto de partida nace de una historia real leída hace unos años en un periódico por el propio director. La noticia decía que un celador de un hospital había violado un cadáver. Vicens pensó que este era un buen punto de partida para una historia.

Amoral para muchos, pero muy llamativa para el aficionado al gore y el terror. El film parte de una premisa que no provocará los dilemas morales que plantea el film, no al menos en el contexto de ficción que retrata la película. De todas formas, es un tema controvertido y espero no les afecte demasiado en taquilla, la película estrena el próximo 30 de octubre en salas y bien merece la pena verla.


Su idea es primigenia, y sobradamente conocida por el fan del género. Encontrando referencias a la escena de Kill Bill, donde Beatrix Kiddo (Uma Thurman) despierta. Incluso, hasta cierto punto, el más acérrimo fan, verá en esta premisa destellos de Aftermath, el mediometraje dirigido por Nacho Cerdá en 1994.

Sin embargo, la película solamente hace referencia a dichas menciones únicamente como punto de partida. El film desarrolla sus propias virtudes, toma un rumbo propio, cercano al rape & revenge, y se aleja del tono sarcástico en clave de comedia negra que imprimía Tarantino en la escena de Kill Bill y, por supuesto, del salvajismo desenfrenado de Aftermath de Nacho Cerdá, organizador de las sesiones dobles del Phenomena en los cines barceloneses. Aftermath queda como una vaga referencia dentro de su premisa, que es la necrofilia.



Con pocos medios económicos, cuatro actores, una única localización y un equipo técnico escueto, pero muy profesional. El resultado es más que elogiable, en todos los aspectos técnicos. Banda sonora, iluminación, fotografía y puesta en escena, al margen de alguna sobreactuación, las emociones que el grupo de actores son más que remarcables.

Pero si el film consigue alzarse vencedor, es gracias a la intensidad con la que va creciendo en un espacio tan simple y poco amplio como resulta la fría e inhóspita sala en la que se desarrolla la mayor parte de la película.

Mejor final

En la proximidad al tramo final, el conjunto parece titubear al intentar escoger un final, pero su desenlace se rubrica con firmeza, no diré el mejor visto en años, porque no lo es. Pero si que es el que hace plena justicia al resto de la película, en un sencillo y primitivo recurso final, que denota pasión y amor por el género, en el que su única intención es contentar al fan sin bastos ejercicios reflexivos.

Y que para un servidor, la simplicidad es uno de sus mayores aciertos. Un desenlace que deja en el espectador un gran sabor de boca, levantando aplausos en la proyección del Auditori en esta 48ª edición del Festival de Sitges. 

Albert Carbó (Bulliying) está correcto como Pau, su interpretación funciona a la perfección en las secuencias que su personaje muestra inseguridad, cuando vacila frente a sus compañeros, no es creíble del todo.

Esa faceta le corresponde a Cristian Valencia (Atrocious) en el papel de Ivan, que a pesar de sobreactuar algún momento del film, el personaje le va como anillo al dedo, manipulador y tan macarra que se queda solo.

Bernat Saumell (Eva) cuenta con el papel menor de la película, su papel de amigo sensato es necesario para la justificación de ciertas decisiones que toma el guión, complementa el grupo, pero es eclipsado por el papel que da título al film, Anna Fritz.

Interpretada por Alba Ribas (XP3D), va ganando puntos; aparición e importancia y a medida que avanza la historia, su interpretación cobra un carisma y fuerza ausente al principio de la película. 

Sobre todo, donde el guión alcanza puntos de clímax emocional más que notables. Al principio no entiendes por qué el título otorga tanta importancia a su personaje, hasta que la actriz toma el timón de la película y la situación se invierte, sin duda, la mejor parte de la película.

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