En 2003 el cantante y músico Rob Zombie empezó su carrera como cineasta con bastante buen pie. Todo apuntaba a que ésta iba a ser tan exitosa como su carrera musical, pero no ha sido así.

Sus 3 primeras películas, La casa de los 1000 cadáveres, Los renegados del diablo y Halloween. El origen, me parecen piezas bastante destacables dentro del género, en especial Los renegados del diablo, con la que el cantante dejó el listón muy alto.

Sin embargo, sus dos anteriores trabajos, Halloween II y The Lords of Salem me decepcionaron bastante. Pero desde la aparición de los primeros posters y el trailer de su nueva película, 31, no quise elevar mis expectativas, pero empezaba a recuperar la confianza perdida en él, la cosa pintaba bastante bien. En su paso por el Festival de Sitges, las opiniones han sido diversas, pero no ha causado la sensación que se esperaba.

Cinco personas son secuestradas y mantenidos como rehenes en un lugar llamado Murder World. Mientras están atrapados, deben jugar un juego violento llamado 31, donde la misión es sobrevivir 12 horas contra una pandilla de payasos malvados.

Además del nombre del juego, 31 se desarrolla durante la noche de Halloween, festividad que se celebra mundialmente la noche del 31 de octubre, de ahí el título. Detalle que no se molestan en explicar, porque queda bastante claro tras los créditos iniciales orquestados por el Walk Away de James Gang al poner la fecha.

Rob demuestra, otra vez, su pasión por la estética de los 70 que caracteriza sus dos primeros trabajos. En una mezcolanza de referencias que andan entre Perseguido, protagonizada por Arnold Schwarzenegger, Hostel 2 dirigida por Eli Roth y The purge: La noche de las bestias de James DeMonaco, Rob monta un pasaje del terror con payasos asesinos en una vieja fábrica abandonada.

Por lo pronto, leyendo la sinopsis puede parecer que existe un mínimo de guión, aunque este sea simple. Pero no lo hay, la supuesta ‘trama’, deudora de Hostel 2, no se desarrolla. Y la historia no profundiza en ningún aspecto, ni en los hippies secuestrados ni en los ricos que organizan el juego. Todo es anecdótico y carece de importancia.

Rob mantiene en algunos segmentos el apartado visual y experimental explorado en The Lords of Salem, con muchos efectos de iluminación retocados en post-producción y saturación de los colores. Pero aun así, me parece más honesta que The Lords of Salem. 

Su parte estética prima por encima del argumento. La suerte es que en esta ocasión no se complica lo más mínimo, eso me gusta. Desgraciadamente, el bajo presupuesto con el que ha contado en esta ocasión, menos todavía que en The Lords of Salem, repercute en los resultados, sobre todo, en los efectos especiales. Bastante justos para el ejercicio tan estético que se nos presenta.

Ello deriva en movimientos incesantes de cámara que sugieren en lugar de mostrar claramente. 31 es un producto de bajo presupuesto. Y Rob tenía dos opciones, asumirlo y mostrarlo al público tal como es, cutre, o intentar camuflar todas las carencias. Ha escogido la peor opción, la segunda.

Está mal filmada, temblorosa y de pésimos encuadres, echando a perder cualquier logro visual que pudiera ofrecernos en las escenas violentas, aunque éste fuera cutre por la falta de presupuesto.

Desde la extrema sencillez de la propuesta, argumentalmente hablando, creo que si Rob hubiese contado con un mayor presupuesto, podría presumir de una película más contundente, ya que le hubiese permitido filmar con un pulso más cinematográfico y efectos mejor conseguidos.

La aparición de Malcom McDowell (La naranja mecánica) es anecdótica, parecía que éste debía tener importancia en la historia.
Al final, el protagonismo siempre recae sobre Sheri Moon Zombie, la mujer del cantante. Queda claro a estas alturas que Sheri no es solo su esposa, es su musa y actriz fetiche.

Hasta en la película de animación The Haunted World of El Superbeasto que realizó después de Halloween II, era ella en su versión animada. No quiero pensar que pasaría en las películas de Pixar si Rob trabajase en ellas.

En cuanto al pintoresco y poco carismático grupo de ‘villanos que forman el ¿sangriento? 'parque temático', son introducidos al estilo de Perseguido. Pero ni siquiera los pseudónimos que les dan son impactantes. 

El único que destaca un poco por encima del resto, es Doom-Head interpretado por Richard Brake (Batman Begins) en un registro muy acorde con el personaje del Joker.

En fin, la intención era buena. Rob Zombie ha regresado a lo que mejor sabe hacer, pero no ha encontrado el equilibrio necesario. Lo ha hecho sin suficiente dinero, y lo peor es que ha intentado taparlo, una lástima.

  

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